LENGUAJE INCLUSIVO: Algunas reflexiones

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LENGUAJE INCLUSIVO

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¿Qué dice nuestro habla de nosotros / de nosotras / de nosotres?
Asistimos a un tiempo ajetreado en el que el contexto se nos evidencia dinámico y vertiginoso. Hace tiempo que se instaló en los medios masivos y en las calles un debate que parece nuevo pero tiene una vasta trayectoria: el uso del lenguaje inclusivo. Como parte fundamental del hacer humano, la comunicación es uno de los ejes centrales de la educación. El uso y la transformación de los modos de hablar y entendernos son por tanto de vital interés para nuestro ámbito formativo y profesional.
De inclusión y lenguaje
¿Se puede incluir a partir del lenguaje?
El denominado “lenguaje inclusivo” es un cuestionamiento que hace eco desde distintos sectores: perspectivas críticas de la lingüística, instituciones normativas de la lengua, contenidos reproducidos por los medios de comunicación, colectivas feministas, y redes sociales. Quienes abiertamente expresan su voluntad de torcer el lenguaje por considerar ciertos aspectos estructurales de su funcionamiento como patriarcales y sexistas. Apelan a la centralidad que el lenguaje tiene en la conformación de nuestro sistema de pensamiento. Podemos reconstruir la presencia de elementos que generan y refuerzan la asimetría existente a partir de las marcas de desigualdades de género, las marcas de otras opresiones como por ejemplo la expresión con sesgo racista que implica referirse al trabajo informal como “trabajo en negro” o el uso de la expresión “trata de blancas” para nombrar la trata de personas.
En relación al sexismo, basta en pensar cómo varios términos tienen significados tan disímiles de acuerdo a si se usan como adjetivos femeninos o masculinos como perro-perra, zorro-zorra, ligero-ligera, entre otros. Se desprende la pregunta también en este sentido del porqué resulta tan puesto en cuestión el empleo de la palabra “presidenta” y no así “sirvienta”. Otro punto sobre el que llama la atención esta perspectiva es la invisibilización que implica el uso del genérico masculino (todos) para referirse a grupos de personas en general y a varones en particular.
El debate excede entonces el uso de la e, o la x, o el @ e implica preguntarnos por la gramática, por las representaciones, por la pugna de usos peyorativos o reivindicatorios de ciertas palabras, y el universo que construimos a partir de lo dicho y lo no dicho.
¿Y la Real Academia Española?
El lenguaje aporta información de las estructuras jerárquicas de las sociedades en las que se utiliza. Es por esto que es un espacio de luchas y resistencias. Uno de los argumentos principalmente esgrimidos por quienes se oponen a la legitimidad de estas modificaciones es la negativa de la Real Academia Española a incorporarlo en sus marcos normativos de “actualización” y “delimitación” de la lengua española. El fenómeno por el que las palabras ingresan a estos diccionarios es inverso al planteado en estas afirmaciones: después del extendido uso de un término, un giro, una acepción, es recopilada por esta institución y exhibida como legítima. En 2019, la RAE fue muy citada por no recomendar incluso el uso de “todos y todas”, mientras aconseja acuñar palabras como “guasap” y “yutubero” e incluso prescindir de los signos de apertura de exclamaciones o preguntas, calras influencias del idioma inglés, que no respetarían muchas de las “reglas” del idioma español.
Idiomas con género neutros o libres de género.Tan viejos como los de género binario.
Existen idiomas al rededor del mundo que no distinguen el género, algunos en el escrito y oral, otros solo en el oral con distinciones en el escrito. En esta diversidad queda expuesto el lenguaje como construcción cultural y social, que excede en algunos casos el debate “ideológico” y se expresa como emergente de procesos históricos y sociológicos muy variopintos.
Algunos ejemplos de estos idiomas son:
Finés: idioma oficial de Finlandia, neutral en términos género, no existe la palabra “el” o “ella”. Lo hablan al rededor de 5 millones de perosnas.
Turco: Hablado por más de 70 millones de personas. Casi ninguna palabra tiene género definido, tampoco sus pronombres utilizando uno neutro para referirse a las personas.
Quechua: Solo los sustantivos “mama” y “tata”, y “wallpa” y “k’anka” (gallina/gallo) distinguen entre sexo femenino y masculino. Usa sufijos pero no de género.
Farsi: Idioma persa, es una lengua sin género, u (او) se usa para decir “ella” o “él”. En el idioma se usa los mismos sustantivos, pronombres y adjetivos para describir cosas y personas. Es el idioma oficial de Irán y se estima que en el mundo hay 52,5 millones de hablantes nativos .
Chino mandarín: La mayoría del idioma no posee género gramatical, aunque también hay excepciones. Por ejemplo, en el chino se pronuncia igual las palabras “él” y “ella”, pero se escriben diferente. ¡¡¡Es el idioma más hablado del mundo con más de 1.100.000.000 (1100 millones) de hablantes!!!
Lenguaje, inclusión y educación
Los ámbitos educativos, por su pertenencia ineludible a lo institucional y a la vez a lo siempre emergente de la cultura, son espacios donde se manifiesta esta tensión entre tradición y renovación, entre usos mesurados y disruptivos de nuevas formas del lenguaje. En el plano institucional de la educación superior desde 2017 en adelante varias Universidades del país han aprobado normativas que prevén y aprueban el uso del lenguaje inclusivo en trabajos prácticos, exámenes y tesis. Es importante destacar al respecto que la habilitación de uso no es obligatoria, abriendo un mar de posibilidades a quien desee utilizarlo en sus producciones.
No hay respuesta lineal y simplista a este tópico, sino distintas líneas de posibles abordajes que pueden ser puestas en diálogo para reflexionar sobre todas nuestras prácticas lingüísticas, como docentes, estudiantes y profesionales de distintas áreas. Puede el lenguaje también volverse vector de trabajo sobre nuestras perspectivas en vistas de construir, pensar y habitar un mundo que nos resulte más amable, más igualitario y genuino; como perpetuarse como sostén de prácticas excluyentes y que tiendan a la desigualdad.
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