Cómo manejar la frustración trabajando en la comunicación

Por Marcelino Guajardo. Estudiante segundo año. Tecnicatura Superior en Comunicación Social.

1 de noviembre de 2021

En el cursado de primer año de la carrera en Comunicación Social, me dejaron una tarea en la cual debía entrevistar a una persona que se destacara por algo. Mi primera opción se descartó. Después de mucho pensar, buscar y preguntar llegue a él: un escritor. Después de enviar varios mensajes por messenger decidimos el día de la entrevista. De sus libros, elegí uno en especial para realizar la entrevista. Sus
respuestas fueron buenas, pues lo hacía rápido, parecía que estaba acostumbrado a dar entrevistas. Al terminar el diálogo me sentía satisfecho, pensaba que era la mejor entrevista del mundo que iba a salir por los canales más conocidos de la provincia…

Obviamente, eso solo fue en mi cabeza, no salió por la televisión pero gracias a esa entrevista aprobé la materia, sin saber que no iba a ser la última vez que lo iba a ver…

Después de ese momento, en el que me sentía uno de los ganadores a mejor periodista en la terna del Martin Fierro; continúe con mi vida académica, por lo menos unos días más hasta recibir un nuevo mensaje. En él, el escritor me proponía ayudarle con un nuevo libro. Lo pensé uno días: no me sentía seguro de hacer algo que lo vieran demasiadas personas. Lo consulté hasta con mi perro… ¡literal! Hasta que me animé. Este nuevo libro era muy importante para él, me pidió que lo realizara con respeto, lo tomé a rajatabla, le pregunté absolutamente todo… Hasta el color de la letra de los videos.

Después del primer video empezaron los problemas… desde la imagen, hasta la canción que se ponía, al terminar un video y enviárselo por WhatsApp muchas veces se repetía el mensaje de:

– Marce, mala mía me olvide de contarte tal cosa… ¡Ja!

– Agrégasela…

Mi indignación llegaba a los cielos, (encima, me indigno rápido). Mis respuestas siempre fueron las mismas: “No hay problema”. Intentaba que todo saliera. Después de varios videos ya no sabía qué más podía pasar. Mis intenciones fueron auténticas: quería que él tuviera más redes para ser más conocido y llegar a todos los puntos de la provincia. YouTube fue la decisión en donde subí todo lo referido al nuevo libro. Esa idea hizo que todos cambiara, estaba más inspirado para entregarle cosas mejores
hasta que llegara el libro.

El 1 de diciembre me desperté con el mensaje de que ese día presentaba el libro. Un libro que hablaba sobre el Sida, y se presentaba el Día Internacional de la lucha contra el Sida. Me pidió que realizara la presentación formal en un video. Armé el guion para saber cómo se iba a desarrollar el mismo, quería que fuera perfecto. Desde ese momento esperé toda la tarde y parte de la noche, porque las otras personas no habían hecho su audiovisual. Todas mis ideas quedaron en “veremos”.

El video fue el más ordinario de todos los que había realizado, para mí gusto. Con esto aprendí a exigir a las personas que sean responsables con las cosas que le pido, y también a pedir todos los datos para no hacer trabajos que nunca nadie va a ver.

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