Un riesgo conocido

1 de noviembre de 2021

Por Julieta Morales Reghitto. Estudiante segundo año. Tecnicatura Superior en Comunicación Social.

Día soleado y ansioso. Los ruidos del pasillo, y de la pista de karting de mi panza, no cesaban. En minutos tocaría mi turno, para ingresar al aula a exponer. Las mesas de examen ya habían comenzado en el IESVU.

Acostada en el piso, leyendo y releyendo hasta entrar al “cuarto oscuro”. Entre la puerta y las ventanas, se podía observar la cabellera ondulada de la profesora Emilia. La carrera de karting estaba a punto de largar. Repasos en la mente que van a vienen, y de pronto, una cabeza con rulos se levanta de su silla, dirigiéndose ante la entreabierta.

– iJulletal -, saludó alegremente la profe mientras vela mi desorden de hojas. Le contesté que estaba nerviosa pero lista. Emilia observa y me responde, Tranquila Juli, ¿cuál es tu soporte? Automáticamente le respondi que mi soporte era escribir en el pizarrón palabras claves y demás, a medida que iba avanzando con la lección oral. Pero algo sucedió.

– Nooo!, yo les dije que escribir en el pizarrón no era soporte, así que vas a tener que resolverlo Juli, porque si no, no vas a poder rendir -. La pista de karting ahora era una cartera de camiones oxidados en vista de una bandera roja, la que suspende todo. Mi cabeza tenia que buscar una solución. Entonces, pensé, ¿qué tenía a mano en ese momento? Hojas, si, rayadas con escrituras de repasos y remolinos inentendibles. Ok, hay que dadas vuelta, atrás estaban en blanco. Como en las instancias de mesa no hay que tomar apuntes y demás, yo no habla llevado cartuchera, por lo tanto, no tenia marcadores, lapiceras, colores…

Abrí mi mochila. Para mi suerte tenía pintalabios. Empecé con apuro, ya que faltaba poco tiempo para que yo pasara a rendir, ad que empecé a dibujar. Hice unos nenes palitos relacionándose, hablando, saludando, globos con palabras, flechas, algo que representara la comunicación (a grandes rasgos), ya que era mi idea de exposición.

Estaba casi listo, pero tenía otro inconveniente, no tenia cinta para pegar dichas hojas en el pizarrón. Me levanté del piso del pasillo rápido y le dije a alguien, -Ya vuelvo, cuídame todo, por fa, gracias-. para dirigirme a la biblioteca en busca de algo autoadhesivo. Me prestaron. Subí nuevamente por las escaleras para esperar mi turno de examen. La puerta se abrió y entre 031.1 mi improvisación.

Al terminar la mesa, la profesora se sintió muy bien y me felicitó, ya que habla podido resolver con mucha capacidad el problema que se me presentó. Aprobé con siete y el oficial de la carrera comenzó a flamear la bandera de cuadros blanca y negra.

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